El Día del Niño y otras fechas del calendario comercial permitieron generar cierto movimiento en sectores específicos, principalmente en panificados, indumentaria infantil y regalería. Sin embargo, ese impulso resultó insuficiente para revertir la debilidad general de la demanda.
Según el relevamiento, las familias mantuvieron una conducta de compra cautelosa y fragmentada, privilegiando reposiciones impostergables y productos esenciales. En cambio, siguieron postergándose los bienes durables, el calzado formal y los artículos de mayor valor.
Los comercios también enfrentaron dificultades del lado de los costos. Las actualizaciones de las listas mayoristas, el encarecimiento de los fletes y la competencia de productos importados de bajo precio presionaron sobre márgenes de rentabilidad que ya se encontraban ajustados.
A esto se agregó la dificultad para ofrecer planes de cuotas sin interés, una herramienta tradicionalmente utilizada para impulsar las ventas de bienes de mayor valor. Frente a ese escenario, los comerciantes recurrieron a descuentos por pago al contado, liquidaciones de fin de temporada y promociones bancarias para reducir sus stocks.

















